Relación entre obesidad, pantallas y lectura

No es despectivo.

Ni hipermoralista.

Ni con ánimo de juicio.

Solo faltaría… Aquí un servidor ha rozado la obesidad a sus 20 años, con 106 kilos de peso y una 52 de pantalón.

Al revés, desde la subjetividad inevitable de un blog de este tipo, tan personal y peculiar, he intentado ser lo más objetivo posible en este tema.

Total que, si llevas más de seis años leyéndome, ya sabes que no es mi estilo. Si no, empieza desde el principio antes de quejarte.

¡Ah! Y no tengo datos ni referencias ni estudios. Lo siento. Para un 2+2=4 no suelen hacer falta. Bueno, excepto si eres cientificista. Entonces ya puedes darte cabezazos contra la pared, porque no puedo demostrar lo que voy a decir… al menos a tu manera.

En fin, entre muchos otros este año he estado haciendo un hiper-meta-análisis observacional experimental acerca de la relación entre el sobrepeso y la obesidad, el tiempo de uso de pantallas de ordenador, móvil y televisión, y el tiempo sentados o estirados leyendo o estudiando. Sí, aunque tengan mejor fama, leer y estudiar también están incluidos como factores de riesgo.

La relación es clara, evidente y contundente: DIRECTA.

Tan claro, evidente y contundente como que esto es una perogrullada.

Lamentablemente, las cifras van en aumento.

Lamentablemente, me siento obligado a recordarlo.

Así que sí, pasen y vean, the show must go on.

Sigamos preocupándonos por entretenernos a destajo, pasivamente, claro. Lo llamo el síndrome del telespectador. O sea, el individuo que pasa la vida viendo la vida pasar, sobre todo la de otros, literalmente, para desconectar, que es muy sano, sin duda. Más sano es desconectar, si quieres, activamente.

Y sigamos preocupándonos más todavía por formarnos. Extraformarnos. Sobreformarnos. Idiomas, especializaciones, másters, lenguajes de programación, estrategias de comunicación, herramientas de liderazgo, puntos de costura, etc. Como mucho y con un poco de suerte, o bastante hoy en día, ganaremos algo más de dinero. Más dinero que gastaremos en formarnos más, por si acaso y por supuesto, y de paso, por aquello de no aburrirse, en una casa más grande, un sofá más cómodo y un coche más potente.

Estudiar y leer puede agrandar ciertas áreas cerebrales, algo que tal vez en cierta medida sea positivo, dependiendo del uso y el contexto.

¡Pero cuidado! También agranda el culo y la barriga.

 

O no.

Rober Sánchez

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Relación entre obesidad, pantallas y lectura