No te atrevas a juzgar(te)me

No te atrevas a juzgarme.

Soy humano.

A cada instante, todo lo que percibo, interpreto, siento, pienso, digo y hago es más una consecuencia rápida, automática y adaptativa que una elección rumiada y libre.

Soy células. Millones de años de evolución regidas por una máxima: la supervivencia. Todas juntas nacemos, respiramos, nos movemos, comemos, nos desarrollamos, compartimos información, nos reproducimos y morimos. El instinto por sobrevivir es nuestro motor. El resto no importa.

Soy mamífero y primate. Instintivo, emocional y social. Tengo impulsos por la comida, el sexo, el ocio y las relaciones. Mi guía interior, básicamente, es el miedo, me afecta muchísimo lo que ocurre en mi entorno social, y mi mejor estrategia es evitar el riesgo y el peligro, o defenderme violentamente cuando es demasiado tarde.

Y sí, soy hombre, y dicen que sapiens, sabio, aunque es algo muy reciente en mi evolución. Soy como un bebé en la historia de la vida. Un novato. Saber sé, pero ni una enésima parte de lo que no sé. Me he encontrado de sopetón con un montón de cosas. No he podido escoger el lugar donde he nacido, ni mis padres, familiares, amigos y vecinos, ni la educación que he recibido, ni la cultura en la que he crecido, ni las noticias o los anuncios de televisión que he visto. Tengo muy mala memoria, soy pésimo haciendo predicciones a largo plazo y muy poquito de lo que hago es racional y fruto de mi voluntad deliberada. A menudo, aunque mi cabeza diga unas cosas, yo acabo haciendo otras.

¿Quién decide por mí en cada sentimiento, pensamiento y acción? Por orden, de mayor a menor peso, mi instinto por sobrevivir, mis necesidades primitivas y mis miedos, mis condicionantes sociales, como la historia, la cultura, la educación y el estado social actual, y, por último y ridículamente, mi intención consciente.

Evidentemente, esto no me libra de ser responsable, un concepto a posteriori, la respuesta a las consecuencias de mis actos.

Pero por favor, si te hago daño, si te fallo, si me equivoco, no te atrevas a juzgarme y perdóname. Seré responsable. Todavía me queda mucho que aprender.

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Por cierto… Si estás leyendo esto, también debes ser humano.

No te atrevas a juzgarte.

Y si te/me haces daño, o si te/me fallas, o si te equivocas, perdónate.

Y, de paso, responde.

 

O no.

Rober Sánchez

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No te atrevas a juzgar(te)me